viernes, 4 de septiembre de 2026

cangrejito hermitaño

(2023, Sevilla)
no tengo casa porque todo lo que tengo todo lo que soy todo lo que soy no cabe entre cuatro paredes lo llevo y cargo a cuestas tengo miedo a que si suelto tan solo un fragmento de todo ello mi equilibrio entero desaparezca

In Spain, we don't know where to go
In Spain, our feelings are so strong
Sometimes our hearts look like bombs
Bombs, bombs, bombs, bombs, bombs, bombs
(Rigoberta Bandini, In Spain we call it "Soledad")

(2026, Berlín)
En mi casa tengo fotos de mi infancia colgadas en las paredes, que me recuerdan cómo de azules eran los días en la playa y cómo quemaba el sol en la frente. En ellas aún tenía color en las mejillas y mis brazos estaban llenos de pecas. A veces me despierto por el ruido que hace el suelo de madera viejo cuando caminas sin prestar atención a por dónde pisas. Tengo un aire vintage, cozy (acogedor, vaya). Otoñal. Acorde con el presente en el que estoy viviendo y donde he plantado mis nuevas hierbas, esperando a ver si crecen (o más bien: cuándo florecerán). Aún me faltan pedazos que desempacar y sacar de las cajas de cartón que he ido olvidando por las esquinas a lo largo de los años, pero quizás termine de decorarme dentro de poco. Entre las cortinas blancas semitransparentes se dislumbra un hilo de luz. ¿Será que podré encontrar un poco de calor en esta estación? Aunque perdiese el equilibrio, sé que soy funambulista. Mi mundo es tan grande que no se puede fragmentar.  

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